Su nombre japonés significa “primero”. Y es cierto que si no es el número uno, sí que se encuentra entre los más punteros de Madrid. Abierto en 2001, cuando apenas había restaurantes nipones en Madrid, podría decirse que Ichiban se ha convertido en un todo un clásico.
Y todo ello regentado por Helen, china de nacimiento instalada en España, su marido, quién asumió la cálida y limpia decoración, Ismael Artalejo, el ya famoso maître que dirige la sala desde sus comienzos, y un sushiman con nombre de torero, Francisco del Blanco Ordóñez. Toda una gran familia que atiende a sus comensales de manera impecable.
Sigamos. Ichiban es uno de esos sitios polivalentes, donde celebrar una comida con familia y niños incluidos un domingo por la mañana, almorzar de negocios un martes, así como un viernes noche con tu novio/a o amigos cuando encontrarte a los ejemplos más variopintos de la beautiful people española (puede apreciarse encada una de las fotografías que inundan el local).
Se trata de un espacio amplio y luminoso, decorado con mármol de Porriño y madera de Iroco, que se abre mediante grandes ventanales a un jardín interior, y a su propia y amplia terraza. Está dividido en varias zonas: el comedor principal, un reservado, la barra de sushi y una zona con cuatro Teppan- Yaki únicas en Madrid, especialidad de la casa y que es la modalidad de cocina presencial nipona que se caracteriza por el uso de la plancha de acero.
Una curiosidad es el origen de estas planchas japonesas, no tan milenarias como su cultura. Datan de 1945, cuando la cadena japonesa Misono introdujo esta forma de cocinar influenciado por las maneras occidentales, y tuvo tal acogida sobretodo en extranjeros, que pronto se expandió por EEUU.
Aparte de una comida sabrosísima, lo más impresionante es ver el espectáculo de la destreza con que cocinan los chefs especializados. Y en Ichiban no se quedan atrás: imprescindible el “show” de la tortilla voladora…
Por todas estas cuestiones que verdaderamente distinguen a Ichiban del resto de japoneses, podéis intuir que se trata de un japonés muy completo. Cuenta con esa triple oferta (bar de sushi, mesa convencional o teppanyaki), que ofrece desde el sushi más tradicional, hasta una tendencia cada vez más en boga desde que lo propusieran en Kabuki que es la cocina japonesa fusión, que como dice Ismael “se sale del sota, caballo y rey que es la comida japonesa, y cada vez tiene más éxito”.
Entre las fusiones más destacadas está el increíble niguiri de foie con salsa teriyaki, el de pez mantequilla con trufa o el de erizo, como también el tataki de solomillo con trufa. En sintonía con la tradición, presentan un buen dashi (caldo con tropezones, en servicio y ritual de tetera), gran variedad de sashimis de pescados crudos y de sushi, sukiyakis (cocciones de carne y verdura) y yakitoris (brochetas), el indispensable nabo rallado, que refresca de sensaciones picantes, y la raíz de jengibre laminada para separar sabores. Crujientes por dentro, imprescindible, son el maki de tempura de langostino. También fantásticos los dim sum.
Y ante el teppanyaki, muy buenas elaboraciones son: el bogavante al sake, el famoso arroz frito, los yakisoba, Teppan kamo: una pechuga de pato preparada con salsa de soja, o el solomillo trinchado al cognac.
Dicho esto, como las cartas orientales suelen ser extensas, en Ichiban se facilita la degustación de los platos con menús que combinan estas referencias y más. La carta de vinos con unas 40 referencias no es excesivamente variada, aunque bien elegida por Ismael en torno a una premisa, ”las tres b: bueno bonito barato”. Incluye alguna botella de vino de arroz, más como nota folclórica que como opción.
Entre los postres, que no se nos olvide, plátano con chocolate o el samurái: un coulant de chocolate con helado de vainilla.
Si decidís conocer este sitio (está algo escondido en una boca calle de Alberto Alcocer cuesta arriba), que es muy recomendable, intentad reservar en las sillas alrededor de la plancha tepanyaki. Os sorprenderá. Espero una vez más vuestras experiencias gastronómicas.
Avenida Alberto Alcocer, 22 28036 Madrid
914 570 783



Ichiban me ha impresionado la verdad, la comidad es realmente de buena calidad y posee dos planchas enormes dentro de la sala donde se realizan diferentes tipos de cocina, muy buena experiencia la verdad. Por poner incoveniente es un tanto caro, pero la calidad lo merece.